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alman's Journal

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Created on 2016-10-21 05:18:20 (#2556267), never updated

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Name:alman
Birthdate:Mar 5
Location:Madrid, Madrid, Spain
Todos guardaron silencio. La bailarina danzaba al suave ritmo de la música, insinuante, sensitiva.

Se quitó el sujetador, danzando, dejando sus pechos en libertad, notando las miradas de deseo de todos aquellos desesperados y babeantes machos.

Lujuriosa, sonriente, seguía bailando, contoneándose, sabiéndose deseada. Los hombres reaccionaron, gritaron, pedían la última prenda.

Ella se volvió, se bajaba las bragas muy despacio, presentando su bonito culito. Se quitó la prenda y la arrojó, cayendo en la cara de Eduardo, casualmente. Eduardo, excitadísimo, olió y se guardó las braguitas.

La bailarina, al ritmo de la música, bajó del escenario, se acercó al homenajeado, y se sentó en sus piernas, dejando sus bonitos pechos al alcance de aquella babeante boca.
Todos gritaron, animaron al novio, quien se lanzó de cabeza entre aquellas tetas, chupando a placer. La mujer disfrutaba, jadeaba. Se abrazó a él, besándole en la boca. Luego empezó a acariciarle el tremendo bulto que pugnaba por romper el pantalón. Todos pudieron ver, repentinamente silenciosos, pues no se lo esperaban, cómo la hembra sacaba el pene, lo acariciaba, se lo llevaba a la boca, y lo chupaba con deleite, con el placer de una mujer que lleva tiempo sin ser amada, poseída.

Ella estuvo un rato chupando el miembro del futuro novio, quien disfrutaba con ojos cerrados del inesperado trance. Se subió encima, colocando la puntita en la entrada de su sexo, y notó cómo se introducía poco a poco, hasta lo más profundo. Jadeante, comenzó a moverse, a ritmo cada vez más rápido, notando como la verga llenaba cada recoveco de su ser. Estuvo así un tiempo, penetrada, follándose al indefenso macho, observada por todos aquellos enfebrecidos hombres. Se corrió una y otra vez en orgasmos encadenados, disfrutando de aquel enhiesto falo.
Notando que faltaba poco para que se corriese el hombre, la sacó y se la llevó a la boquita, y sacudió la polla hasta que un chorro de espeso y cálido semen brotó, cayendo en su boca, salpicando en sus tetas. Siguió chupando, hasta que no quedó ni gota. Ella saboreaba con deleite el manjar recién adquirido.

- ¿Es que nadie quiere follarme?- Dijo la salvaje dama.

Dicho y hecho. La bailarina fue levantada en vilo, puesta sobre una mesa, boca abajo, con las piernas abiertas. Mientras un macho la introducía el pene en su caliente sexo, otro le presentaba la polla para que se la chupara. Los demás se acercaban, la acariciaban el cuerpo, la chupaban…

Eduardo se acercó, observando excitado la tremenda escena. Alguien le empujó, dijo que quería ver la cara de aquella Diosa del Sexo.

La mujer, que en ese momento era ensartada por el ano, y chupaba una enorme verga, no permitió en ningún momento que nadie le quitase el antifaz que le cubría poco más que los ojos.
Fue pasando la noche. Todos habían follado por lo menos dos veces a la bailarina, que en esos momentos estaba abierta de piernas, dejándose chupar el coñito por un invitado, mientras otro se corría en su boca. La chica estaba literalmente cubierta de sudor, saliva y semen, exhausta, satisfecha.

Eduardo permanecía sentado, masturbándose mientras contemplaba, se acercó y se corrió sobre la abierta boquita de la chica, y dejó que ella le chupase el pene, dejándolo sin rastro de esperma.

Las luces brillaron con un poco de música suave, y dos camareros se acercaron a ayudar a la cansada y feliz bailarina, se la llevaron en brazos. Todos los invitados, algunos de ellos completamente borrachos, se recompusieron como pudieron sus ropas, y se iban retirando poco a poco, no sin antes felicitar a Eduardo por la mejor despedida de soltero que habían celebrado hasta ahora.

Eduardo estaba contento. Entre los invitados había algún que otro jefe suyo. Esto le valdría para ser más reconocido en el ámbito laboral. Estaba deseando llegar a su casa, para ver si había llegado su mujer, Lucía, de la Despedida de las chicas, y felicitarla.
Por fin llegó a casa. Entró en el dormitorio. Lucía estaba echada, dormida. Él se echó a su lado y durmió.

Al levantarse, Eduardo besó a su mujer. Lucía se despertó, sonriente, y le preguntó que tal le fue en la despedida, pues ella se retiró pronto de la despedida de las chicas, con dolor de cabeza.

Eduardo la felicitó, fue todo un éxito. La besó.

- Prométeme, Eduardo, que me avisarás cuando haya que hacer algo así, me gustaría ayudarte.
- Tranquila, amor mío. Lo haré.

Lucía se quitó el camisón, para cambiarse, no sin antes pensar en la intensa noche de placer que experimentó. Cogió el plateado Antifaz y lo guardó de recuerdo en su cajón secreto.

Sonrió, acariciándose los pechos.

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